El engranaje del hartazgo
Así es, hartazgo es lo que siento al comprobar cómo el sistema económico y financiero se aprovecha de la total ignorancia que algunos tenemos sobre el funcionamiento de los procesos de la banca.
Hace años, cuando falleció mi madre allá por el 2007, me tocó asumir a hostias el rol de "contable de la casa". ¡¡Yo!! ¡¡Que no sabía ni cómo pegar un sello!! Era como el primer vuelo de un pájaro, sólo que éste no era el caso de un polluelo sino de un tío con los huevos negros.
Como decía, ese año (y los siguientes) apenas pude llorar la muerte de mi madre porque el caos financiero que se me venía encima era de proporciones épicas. Aprendí que los bancos te prestan un paraguas cuando no llueve, pero cuando empiezan a caer las gotas, te lo quitan y, para colmo, agarran una manguera y se unen a la lluvia para que el agua te llegue hasta el cuello.
Lo que más me jode es que hasta me siento mal queriendo ejercer mis derechos. Es decir, los responsables de la banca que tratan contigo son de lo más amable, les falta sacarte unas galletas y un caf... Espera, en mi oficina ahora te preguntan si quieres agüita o un café. ¡No! ¡Quiero un paraguas, maldito imbécil! ¡Quita esa cara de niño bueno y escucha mi problema! Y luego, si es posible, ayúdame a resolverlo. ¿Cómo? ¿No tienes alguna propiedad, aval o estás en listas de morosidad? "Dónde puse mi manguera..." deben pensar.
Ahora bien, parece que hay ciertas herramientas a nuestra disposición que, como ignorante que soy, desconocía su existencia. Un hombre con muchas luces pensó "con la crisis de la burbuja inmobiliaria habrá mucha gente necesitando asesoramiento" y ¡E voilà! Ya tenemos un emprendedor haciendo cosas por los demás y no sólo por su bolsillo.
En fin, tenemos faena por delante. Debo revisar montones de documentos para tratar de reclamar lo que es mío.
Saludos navegante errante.
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